Recuerdos Zaragoza 1984-1988

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Memoirs: Templo Betel Zaragoza, España

Monday, November 12, 2012

CM Dáv

PANORAMA PROFETICO                                                                                                                                                               

                                                    

Estas Memoirs han sido publicadas en la página web de la Iglesia Triunfante de Alamogordo. Basadas en experiencias reales.                   

“Aunque pasen los años, los recuerdos bonitos siempre perduran, contra las situaciones adversas que en ocasiones  se levantan y no sabemos  por qué. Pero a la larga, el amor permanece y lo demás se va; y lo que llegó a ser, quedará como recuerdo, de la esperanza de lo que pudo haber sido, y no fue.”

Así transcurrirían cuatro de nuestros mejores años al servicio de la obra del Señor en la península Ibérica, trabajo que se convertiría en el objetivo principal de nuestra visita a España aun antes que mi obligación militar  oficialmente nos estableciera en Zaragoza. Digo nuestra visita, porque estoy incluyendo a mi esposa Mery,  nuestra hija Verónica y nuestros dos hijos Omar Josué y Emmanuel, quienes entraríamos juntos, para luego regresar a América después de una estadía que tuvo sus comienzos en el mes de noviembre del año 1984 y concluiría para el mismo tiempo 48 meses después. Relataré algunas de las muchas experiencias buenas que tuvimos, de manera breve, mientras que las no tan buenas las dejaremos en el olvido, porque a la verdad, ya no vendrían al caso. Prefiero no mencionar los nombres de esta gran familia Zaragozana, la mayoría de ellos aragoneses de corazón y todos tan majos como la propia España. Muchos fueron  los amigos que dejamos al otro lado del mar como diría yo, a quienes las circunstancias nos separaron cuando mejor nos comenzábamos a conocer. De manera que me limitaré a mencionar solo los títulos de sus oficios y lo haré con todo el respeto que ellos se merecen.

He aquí algunas de nuestras experiencias convividas en una Zaragoza histórica y moderna que quedó entretejida y bendecida a orillas del  Ebro en el noreste de la península. Crónicas de lo que ocurriría en su mayoría, mientras colaboramos  en el templo Betel de la calle San Antonio Ma. Claret No. 8.  Admito que nunca me consideré una persona religiosa, pero después que el Señor me visitara en la madrugada del día del padre en el 1981 y a los 27 años de edad, el curso de mi vida cambiaría drásticamente. Tres años después,  el viaje a España se convertiría en un reto para mí y para toda mi familia.  En estas memorias relataré lo mejor que pueda el espléndido trabajo que la familia de la iglesia Betel estuvo realizando en España durante ese tiempo. Y la manera en que nos permitirían sembrar, una pequeña semilla de esperanza en el transcurso de esos cuatro años. En este mes se cumplieron 28 años de que pisáramos la tierra de España por primera vez.

La visita a España no fue cosa fácil y por casi dos años sentimos los aires de Su espíritu apuntándonos en esa dirección. Recuerdo algunos sueños al principio de ese primer año, donde un gran toro negro corría hacia mí y tenía que subirme a un árbol muy grande para escaparme de el.  Tan solo eran sueños, pensaba, hasta el día en que me llegaron las ordenes oficiales para trabajar en un recinto militar americano en una instalación española.  Una serie de eventos imprevistos que ocurrirían justo antes en Puerto Rico y en San Antonio, TX confirmarían más adelante que nuestro viaje a España estaba en realidad, siendo ordenado por Dios y no por el gobierno a quien yo respondía. Sin embargo, cuando llegamos a la cuenca del Ebro, la Zaragoza de España no nos pareció demasiado extraña.  Ya Dios estaba preparando el camino. 

¡Nada de extraña!… A mí me pareció el lugar donde se preparaban las mejores tortillas de patatas del mundo. Recuerdo que el día anterior, habíamos viajado en coche desde Madrid hasta Zaragoza y que solo contábamos con lo que nos había dicho  un evangelista que casualmente habíamos conocido y que ahora vivía, o iba a vivir en Terrassa, en los alrededores de Barcelona.  A él, y creo que a su esposa también,  les habíamos conocido en una visita que hicimos a Puerto Rico durante el verano. Estos coordinadores no tendrían nada que ver con Zaragoza hasta el año entrante. Mientras tanto, nos fuimos a vivir a un pequeño chalet, al pasar el túnel de la Muela.  Entre el frio, la lluvia y otras cosas, nos tuvimos que mudar pronto a un departamento en la villa. Esas primeras navidades fueron extraordinarias, y nos acoplamos a España como anillo al dedo. Sin embargo, todavía nos faltaría acoplarnos a la labor que Dios nos tendría reservada en la gran ciudad.

No pasó mucho tiempo cuando nos mudamos a la ciudad, cerca al círculo de Madrid, en una comunidad que se levantaba en la parte posterior a una tienda de calzados entonces llamada Kickers. En esa comunidad nos tocaría vivir los siguientes dos años y medio.  

A comienzos del 1985 hicimos el primer contacto misionero por medio de una creyente española, que trabajaba en el recinto militar y quien nos presentara a un misionero que había conocido miembro de una denominación  americana. Según me relataría luego  el misionero, su decisión para trabajar en Zaragoza la tomó un día mientras manejaba en su auto hacia Valencia y el Señor le mostró, que Zaragoza sería el lugar para plantar una iglesia.  Así fue como él, conocería un pequeño grupo de creyentes que unos pocos años atrás, habían comenzado a reunirse en las casas. Este misionero y su familia, estaban oficialmente asignados por las Asambleas de Dios U.S.A., a la obra de España.

¿Plantar una iglesia en Zaragoza?  Pronto Dios les proveería milagrosamente de un edificio comercial en la c/ San Antonio Ma. Claret y cercano a  la Av. De Goya. Edificio que para entonces lo tendrían bastante avanzado en su remodelación. Parecía que todo comenzaba a tomar forma para nosotros cuando nos percatamos del inmenso trabajo que estaba por delante. Conocimos la familia de los misioneros americanos y nos parecieron unas personas muy simpáticas y trabajadoras. Además nos dieron la oportunidad de conocer una parte del trabajo en el campo misionero que no conocíamos, pero que nos sería de utilidad a nosotros en el futuro. También nos dimos cuenta de lo difícil que lo habían pasado los evangélicos en la España de la dictadura del general Franco.  Nos comprometimos a ayudarles porque comprendimos que para esto nos había llevado el Señor a España, y cada día que transcurría nos quedaba mas clara tal convicción. Un video que recibieron de una campaña evangelística en San Antonio, Texas, les serviría de aliento y confirmación a otros misioneros recién llegados en esos días, de que se aproximaba un tiempo de cambio para España.

Nosotros pudimos adaptarnos bastante bien a los cambios culturales, pero entre los misioneros extranjeros realizamos lo difícil que se les hacia a sus familiares hacer lo mismo, aunque los españoles siempre los trataron bien. Tuvimos el privilegio de servir en Betel en lo que fuese necesario, y no tendríamos que ser especialistas en nada, solo en tener una buena disposición para trabajar y ya el Señor se encargaría de lo demás.  Además, Dios nos concedió gracia entre la comunidad adjunta a la Vía Hispanidad y ahí pudimos compartir con ellos un poco más de esta nueva libertad religiosa que solo unas décadas atrás los evangélicos españoles habían comenzado a disfrutar.  

Todavía en los 80s se palpaban diferencias culturales a las que nosotros no estábamos acostumbrados. Fue la parte de España que nunca pudimos comprender, la que menospreciaba a los gitanos aunque ellos eran parte integrante de ella. Para mi una España sin gitanos no sería España. No obstante, aprendimos a convivir con payos y gitanos de manera que pudimos trabajar efectivamente entre ambas culturas  al mismo tiempo que respetábamos sus diferencias. La línea Politur de autobuses, donde trabajó Mery, también nos serviría como un canal de bendición para llegar a otros. Conocimos a uno de sus conductores, quien se consideraba de familia gitana y nos abrió las puertas de su hogar para que le hablásemos de Jesucristo.

Recuerdo que su familia nos invito una tarde a visitarles y cenamos en su hogar mientras le compartíamos las bendiciones de Dios. No mucho tiempo después, este mismo conductor, nos sorprendería el día que detuvo su autobús en medio de la carretera, unos kilómetros más arriba después de pasar el túnel, y con lágrimas en los ojos le confesó a mi esposa y a uno de mis hijos que ya no podía más. Pidió perdón a Dios en alta voz mientras lanzaba todos sus cigarros que le quedaban, por la ventanilla del autobús. Ese día nuestro amigo nació de nuevo.  

Un mecánico adventista que solía visitarnos en algunas ocasiones en nuestro departamento cercano a Kickers, recibió el bautismo del Espíritu Santo mientras manejaba su coche cuando regresaba a su hogar. Recuerdo la expresión de su rostro cuando me lo vino a decir. También con él compartimos en el confort de su hogar y junto a su familia las maravillas de Dios. Un hombre de negocios, oriundo de Guinea Ecuatorial y que trabajaba en el recinto militar creyó al evangelio y bajó a las aguas del bautismo en una de esas reuniones evangélicas donde Dios nos permitió colaborar. Estas conversiones fueron fruto del trabajo que Dios nos permitió hacer en las instalaciones del recinto militar. Fueron varias las familias que conocimos de esta manera, como la noche que presentamos en nuestro departamento la película cristiana La Cruz y el Puñal, y provocó que algunos hicieran profesión de fe. Algunas de esas familias se conectarían más adelante con la iglesia de Betel. Indiscutiblemente fueron tiempos difíciles pero Dios estaba abriendo una brecha distintiva para el pueblo español. Sin embargo, lo mejor estaba por verse.

Fue para este tiempo, cuando aquellos coordinadores de campañas evangélicas que habíamos conocido, de alguna manera se pusieron en contacto con nosotros y pasaron un fin de semana en nuestro departamento en Zaragoza.  Algo grande estaba planeando el Señor para toda España y que por cierto, lo que ocurriría después, no tuvo antecedente según me confirmarían después los propios españoles. Estábamos para ser sorprendidos por una tangible visitación de Dios. Sin embargo, el Señor escogería a la misión Betel, como punta de lanza para abrir una brecha pentecostal en España, brecha que ha continuado abriéndose hasta el día de hoy.  Recuerdo el lugar, parque Primo de Rivera, y en un lugar donde eventualmente unas 3,000 personas tendrían un encuentro con Dios. Dios visitó, sanó y salvó a cientos de personas en la primera noche del evento. Recuerdo que no estuvimos preparados para asimilar tanta gente, pero aun así, la misericordia del Señor se encargó de su distribución. El espíritu de Dios descendió entre esa audiencia sin hacer acepción de personas, donde españoles y gitanos conjuntamente, fueron  testigos del poder de Dios –algo que pude presenciar con mis propios ojos.  Es más, me atrevería a decir, que posiblemente desde los días en que Manolo Espejo, (y aquí menciono nombre porque creo que muchos le conocen) sufriera golpes en la plazas públicas por predicar el evangelio, desde esos días pienso, no se escuchaba tal conmoción evangélica en una ciudad del tamaño de Zaragoza. Sabed que, lo de los golpes en las plazas se lo escuché decir a él personalmente en una conversación.  

Esto no quita, que se nos hiciera realmente difícil conseguir los permisos con el Ayuntamiento para cumplir con los objetivos de la Campaña. Participé en más de una ocasión, en el protocolo de ir con los papeles y pedir los permisos necesarios de evangelizar públicamente, y ver que el secretario que los recibía, los lanzaría al cesto de la basura indiscretamente, y antes que nosotros saliéramos por la puerta. Nunca pensé que se les pudiera culpar por eso,  creí que actuaban así por la influencia religiosa que todavía se hacia sentir, y más aun cuando los mismos espías religiosos estaban entre ellos.  No nos quedó otra alternativa que orar y ayunar intensa y específicamente por esos permisos y también para que no nos lloviese, porque estaríamos al aire libre en los tiempos de los vientos del Moncayo. Dios lo hizo todo y nos dio  la primera noche, y una noche fue todo lo que necesitamos, logramos la victoria. La segunda noche nos llovió a cántaros, pero creo que Dios lo permitió porque  tenía otros planes para tratar con la actitud y el carácter de algunos líderes religiosos que no pudieron soportar la política religiosa que todo esto generó. Dios abriría las puertas en otro lugar y nos bendeciría en gran manera.

Quiero decir que los coordinadores del evento en Primo Rivera nos aseguraron que ellos nunca habían considerado hacer campaña en Zaragoza ese año. La agenda había sido Barcelona y Madrid primeramente. En lo de Barcelona nos involucramos directamente también. Lo del parque en Zaragoza fue un milagro en si mismo, pues fue improvisado localmente en el transcurso de unos pocos días. Un día nos decían que si, y el siguiente nos negaban el permiso. Para la promoción por las calles utilicé mi automóvil Monte Carlo del 1979 que tenía un morro muy largo al que todos se le quedaban mirando y que nos sirvió para llamar la atención y de  plataforma ambulante. Con dos altavoces  amarrados arriba en la capota del coche, y una invitación pregrabada con música de trasfondo de la película de los Diez Mandamientos que yo mismo había grabado, anunciamos por toda la ciudad este innovador evento. A la verdad que esto tomaría por sorpresa a los periodistas que siguieron. Las preguntas que le hicieron al evangelista subsecuentemente, confirmarían estos hechos. 

Fue un milagro que a la policía local no se le ocurriera detenernos por tal atrevimiento. El antiguo cine PAX se abarrotó durante una promoción especial que tuvimos y nos dijeron que cerca de 500 personas (nunca preguntamos por su capacidad máxima) se conglomeraron  en el lugar, y la gente estaba en la expectativa de algo más. Estoy plenamente convencido que el evento de Zaragoza hizo historia ese año, aunque no fue necesariamente bien recibido por todo el liderazgo evangélico que fue invitado. Supimos que en otras ciudades ocurrió lo mismo. Pero a los que experimentaron el poder de Dios en el Primo de Rivera, sus vidas quedaron transformadas para siempre. Cuando salimos a evangelizar para promover el evento, llegamos a conocer algunas familias creyentes que se consideraban cristianos de casa y de círculos no-denominacionales, que luego comenzarían a visitarnos en Betel. Se reunían en las casas pero no visitaban la iglesia pues desconfiaban de la tradición religiosa. De esta manera pudimos conocer esas familias hermosas que amaban a Dios de corazón y establecer con ellos una estrecha relación familiar que perduró  durante el tiempo que estuvimos en la ciudad. Nosotros también estábamos en gran expectativa.

¿Qué papel jugaría Betel en esos primeros años? Creo que uno de suma importancia y que tendría que aprovechar bien, porque la iglesia se daría a conocer no solo localmente, sino en otros lugares de España. Aunque hubieron cambios de misioneros (cambio de guardia como dirían algunos), Dios continuaría dándonos la victoria. Ya para el 1985 y 1986, Dios estaba preparando una hermosa pareja de pastores nacionales que pronto se graduarían del Seminario, y que aunque eventualmente contraerían matrimonio en Madrid, Dios los tenía reservados para Betel. Es cierto que Dios guarda siempre el mejor vino para el final, y creo que ellos fueron un regalo de Dios para Zaragoza y más adelante, lo serían para toda España. Ciertamente Betel estaría subiendo a otro nivel. Programas de asimilación de miembros y departamentos que fortalecerían la iglesia, comenzaron a formarse y desarrollarse en Betel. La Asamblea de Dios nacional en España, comenzaría a entesar sus estacas por medio de sus propios ministros españoles, algo que seria imprescindible para la evangelización futura de todo el país. Los líderes denominacionales americanos tuvieron eventualmente que reconocer esto.

Recuerdo que comenzaron a llegar equipos de creyentes para ayudar en la obra (lo que luego llamarían MAPS), con proyectos de construcción. Se abrieron las puertas para evangelizar en el pueblito de Mallen, y la obra de Zaragoza comenzó a dar fruto. Se estableció el Instituto por extensión (INSTE), del que nosotros mismos nos beneficiamos y un nuevo alcance evangelístico comenzó a promoverse por la ciudad con la juventud de Betel. Nuestros hijos, Verónica, Omar y Emmanuel se beneficiarían grandemente durante estos avances evangelísticos. Equipos para hacer campamentos de verano y escuelitas bíblicas de vacaciones se establecerían con la ayuda de creyentes locales,  junto a otros extranjeros del recinto militar. Se abrieron ministerios para la radio y la televisión nacional y Betel comenzó a sembrar por todos lados. Además, algunos sentirían un llamado de Dios para visitar los presos en las cárceles.  Esto abriría otra dimensión en los ministerios de la iglesia que estaban siendo establecidos, al reconocerse este otro brazo de alcance en la comunidad. Programas de la juventud para evangelizar por las calles y en los parques, se establecerían permanentemente. Bajo el ministerio de los nuevos pastores nacionales, la congregación de Betel dio un giro hacia la multiplicación. Métodos de asimilación para nuevos convertidos prepararían el camino para lo que Dios iba a hacer más adelante.

Durante los siguientes dos años en Betel, vimos la congregación de Zaragoza  tensar sus estacas y  extender los límites de su habitación. Tirarían la red para pescar toda clase de peces, fueran españoles, gitanos o extranjeros.  En más de una ocasión Betel le abriría las puertas a intérpretes (guitarristas y cantores) gitanos de la iglesia Filadelfia, que verdaderamente nos hicieron compungir de corazón a través de las alabanzas. Tendría uno que estar presente  para apreciar la gracia y el favor de Dios con que fuimos bendecidos. La iglesia en María Claret comenzó a verse más como una congregación multicultural, y eso le dio un sabor único y exquisito al menú del día. Betel se convertiría en un modelo único para cuando la Asamblea de Dios americana  planificara viajes misioneros a España, pues desearían visitar Zaragoza y ayudar en lo que fuera, pero también experimentar lo que se decía, estaba sucediendo aquí. La hora de Betel, había llegado.

En cuanto a nosotros, sentimos conocer un poco más de la tierra de Sefarad, como se le llamaba en el hebreo antiguo a España. Tierra de refugio para el pueblo judío en tiempos de persecuciones y deportaciones involuntarias, donde los judíos Sefardí seguirían buscando las promesas y la prosperidad de Dios. El profeta Abdías los menciona al final de su corto libro. Por alguna razón que entonces no entendía, sentí visitar la provincia de Ávila, y su vieja ciudad, ya que anteriormente no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo.  Mientras caminábamos por algunas de sus calles, pudimos contemplar sus impresionantes e históricas murallas y leer un poco de su historia en los panfletos que disponían para los turistas.  Le dimos gracias a Dios una vez más, por habernos permitido ser parte de una cultura tan rica y tan variada como la cultura del pueblo español.

Durante los últimos meses quise disfrutar un poco más de las tapas y del café cortao las veces que salimos a la carretera.  Habíamos aprendido el dicho —hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.  Para la primavera del 1988 nos tocó quitarnos el sayo por esa última vez.  Ese otoño nos prepararíamos para salir de España y hacer nuestro cambio de guardia, mientras que el Señor una vez más  lo tendría todo preparado. En forma jocosa diría yo que pude torear bien el toro que había visto en mis sueños, y terminé cortándole las orejas, y aquel taurino ya no volvió a molestarme jamás. Diriamos que todo valió la pena, y hoy le damos gracias a Dios por permitirnos tal oportunidad. Recuerdo todavía las últimas palabras que le dirigí a la congregación de Betel cuando finalmente nos separamos. Con ojos llorosos les miré y les dije: “Que ninguno de vosotros se pierda. Señor guárdalos hasta el final.” A mi hija Verónica la tuvimos que llevar casi a rastras, literalmente hablando, para poder sacarla del aeropuerto en Madrid.  

Sé que algunas de estas anécdotas parecen increíbles, pero creo ocurrieron así. Una vez más, valió la pena por lo mucho ó por lo poco que pudimos aportar durante esos cuatro años.  La obra continuaría en buenas manos, y su semilla, se esparciría por toda España hasta el día de hoy.

Crónicas de España,

1984-1988

CM Dávila y familia,

Con Amor…

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